3 de abril de 2015

Beatos EZEQUIEL HUERTA GUTIÉRREZ y SALVADOR HUERTA GUTIÉRREZ. M.1927.



Martirologio Romano: En Guadalajara, México, beatos laicos José Luciano Ezequiel Huerta Gutiérrez y José Salvador Huerta Gutiérrez, mártires.

José Luciano Ezequiel Huerta nació en Magdalena, Jalisco en 1876. Esposo y padre ejemplar de numerosa familia. Tenía una voz magnífica de tenor dramático, gracias a la cual daba a los oficios litúrgicos gran calidad y decoro. Era muy devoto de la Eucaristía y muy caritativo con los más necesitados. 
Fue arrestado en 1927; tenía dos hermanos presbíteros, Eduardo y José Refugio, que eran muy respetados en Guadalajara. Cuando fue apresado, acababa de visitar la capilla ardiente donde era velado el cadáver de san Anacleto González Flores. En el calabozo lo torturaron hasta perder el conocimiento. Cuando volvió en sí, expresó sus lamentos cantando el himno eucarístico: “Que viva mi Cristo, que viva mi Rey”. 
Fue trasladado junto a su hermano Salvador, al cementerio municipal. Ezequiel dijo a su hermano: “Los perdonamos, ¿verdad?”. “Si, y que nuestra sangre sirva para la salvación de muchos”. Fueron fusilados. 


José Salvador Huerta nació en Magdalena, Jalisco en 1880. Mecánico de profesión, fue uno de los mejores de Guadalajara. Devoto de la Eucaristía, iba todos los días a misa. Su conducta como hijo, esposo y padre fue siempre ejemplar. Poseía una particular intuición ante el peligro, al que se enfrentaba con singular fortaleza.
Al comenzar el año 1927 la situación religiosa se tornó imposible para los católicos. Se persiguió sin tregua a los clérigos por considerárseles instigadores de la resistencia armada. Consumado el martirio de san Anacleto González y sus tres compañeros, acudió al cementerio a despedir los restos del conocido líder.
De regreso a su taller, lo esperaba la policía que lo arrestaron y en la cárcel, lo torturaron para que revelase el paradero de sus hermanos presbíteros. Después lo condujeron, junto a su hermano Ezequiel, al panteón de Mezquitán. Ante el pelotón de fusilamiento, pidió una vela encendida, iluminando su pecho descubierto dijo: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!; disparen; muero por Dios, que lo amo mucho”. Fueron beatificados el 20 de noviembre de 2005 por el papa Benedicto XVI.