6 de marzo de 2015

Santa COLETA BOYLET (1381-1447).

(Colea, Colete, Nicolasina, Nicoleta, Nicoletta. fr.: Colette de Corbie).
Nicolasita.

Martirologio Romano: En Gante, en Flandes, santa Coleta Boylet, virgen, que durante tres años llevó una austerísima vida, encerrada en una pequeña casa junto a la iglesia, y después, tras profesar en la Regla de san Francisco, recondujo muchos monasterios de Clarisas a la forma primitiva de vida, insistiendo principalmente en el espíritu de pobreza y de penitencia.



Nació en Corbie (junto Amiens) en Picardía, y se llamaba Nicoletta Boylet, a causa de la devoción de su padre a san Nicolás. Al quedarse huérfana no sabía dónde ir y qué hacer; sólo sabía que quería servir a Dios; distribuyó, lo poco que le dejaron, entre los pobres, y se retiró entre las “begüinas”, sociedades devotas de mujeres establecidas en muchas partes de Flandes, Pidardía y Lorena, que se sustentaban por el trabajo de sus manos pero que no realizaban promesas solemnes. No encontrando la vida suficientemente austera, tomó el hábito de las Penitentes y tres años después, encontró al franciscano fray Pinet que le aconsejó que ingresara en la Tercera orden franciscana y que viviese como reclusa en una habitación. Coleta obediente se recluyó, pero la gente no lo entendió y, soportó calumnias y procesos de la Iglesia, al mismo tiempo que se seguía preguntando qué era lo que Dios quería de ella. Un día, otro franciscano, fray Enrique de Beaume, le impuso por obediencia dejar la clausura y reformar las religiosas de la segunda orden de San Francisco o clarisas, que se llamaban “urbanistas” a causa del papa Urbano IV, quien había suavizado su regla. 
Habiendo obtenido del abad de Corbie una pequeña ermita, pasó en ella tres años. Después de esto, fue al convento de Amiens y de allí a otros muchos. Para realizar con éxito su empresa fue necesario que fuese investida con apropiada autoridad, para lo cual viajó a Niza para presentar sus respetos a Pedro de Luna, que en el gran cisma había sido reconocido como papa de los franceses. La constituyó superiora general de las clarisas, con plenos poderes para establecer en ella todas las regulaciones que creyere conducentes al honor de Dios y la salvación de los demás. Intentó revivir el espíritu franciscano en los conventos de París, Beauvais, Noyons y Amiens, pero se encontró con una violenta oposición y la tacharon de fanática. El papa Eugenio IV autorizó el establecimiento de un monasterio en Corbie, fundó otros conventos de clarisas reformadas o “coletinas” en Beçanson y en Poligny, en Franco Condado, en Gante. 
Las persecuciones por parte de los hijos de Francisco y Clara e incluso del propio san Juan de Capistrano, que estaba reformando a su vez, (aunque luego tuvo que pedirla perdón), estuvieron al orden del día. Pero el milagro no se hizo esperar y los conventos reformados por Coleta llegaron a veinte. Trabajó incansablemente, apoyando a san Vicente Ferrer en sus esfuerzos para superar el Cisma de Occidente. Reformó las monjas clarisas, que estaban en trance de perder su principal riqueza: la pobreza. Su vida se caracterizó por una obediencia a la voluntad de Dios. León X, en 1517, unió todas las diferentes reformas de los franciscanos, y así extinguió las “coletinas”. Murió en Gante con fama de santidad. 
Fue beatificada por Clemente VIII en 1604 y canonizada por Pío VII el 24 de mayo de 1807.