28 de marzo de 2015

Beata JUANA MARÍA DE MAILLÉ. (1331-1414).

(fr.: Jeanne-Marie de Maillé).


El Señor es su gracia.

Martirologio Romano: En Tours, ciudad de Francia, beata Juana María de Maillé, la cual, al morir su esposo en la guerra, quedó reducida a la miseria y, desalojada por los suyos de su casa, vivió abandonada de todos y recluída en una pequeña celda cerca del convento de los Hermanos Menores, mendigando el pan, mas llena de confianza en el Señor

Nació en el castillo de La Roche, diócesis de Tours y era hija del barón de Maillé. Tuvo una primera visión de la Virgen María y del Niño Jesús en 1342 y se consagró a honrar la Pasión de Cristo. Recibió la primera educación religiosa de un franciscano, confesor de la familia; él le enseñó el amor ardiente a Cristo, a María  y a san Francisco de Asís. Ella se empeñó en imitar sus virtudes, especialmente el amor a la pobreza, a la humildad y a la oración, y se hizo hija suya militando entre los hermanos y las hermanas de la Penitencia de la Tercera Orden Franciscana, aunque esta tradición no está probada.
Al quedarse huérfana se fue a vivir con su abuelo que le procuró un ventajoso matrimonio con el barón de Silly, con el cual vivió en virginidad durante 16 años, y se prodigaron en obras de caridad y religión. Después de la muerte del marido (1362) en la guerra, la familia de su marido la expulsó del castillo y ella volvió a La Roche con su madre y hermanas. Aquí se mantuvo fiel a sus propósitos y se negó a contraer matrimonio y decidió trasladarse a la ciudad de Tours.
En esta ciudad hizo votos privados ante el obispo de pobreza y castidad; se dedicó a la atención de los más pobres y enfermos, especialmente con los leprosos. Su familia la tomó por loca y logró que se la desterrase de Tours. Se refugió en una ermita abandonada de Planche de Vaux donde vivió algunos años en vida contemplativa. Obligada por las condiciones de salud a regresar a Tours en 1386, se fue a vivir junto al convento de los Cordígeros, nombre popular de los Franciscanos, y se puso bajo la dirección del Padre Martín de Bois Gaultier. Su celo la llevó varias veces a la corte de Carlos VI, el rey loco, ya a Tours, ya a París, para intentar que corrigiera sus costumbres. Fue favorecida con carismas místicos, era consultada en todas partes y admirada por sus penitencias y por su santidad.  La envidia de algunos no la dejaron, así cuando un día estaba en oración en una iglesia le tiraron una piedra que le dio en la cabeza y que la dejó muy maltrecha y dos años después murió en Tours a los 82 años. Su cuerpo fue sepultado con el hábito de las clarisas. Su culto fue confirmado el 27 de abril de 1871 por el beato Pío IX.