1 de marzo de 2015

Beata JUANA MARÍA BONOMO. (1606-1670).

El Señor es su gracia

Martirologio Romano: En el monasterio de Bassano, en la región de Venecia, beata Juana María Bonomo, abadesa de la Orden de San Benito, que, dotada de místicos carismas, experimentó en el cuerpo y en el alma los dolores de la Pasión del Señor.

Nació en Asiago, Vicenza, en el seno de una familia de ricos comerciantes. Desde la infancia tuvo dotes sobrenaturales que se podrían definir de precoces, ya sea en la vida intelectual como espiritual. A los 9 años, tuvo dispensa para recibir la primera comunión. En aquella ocasión pronunció un voto de virginidad privado al cual se mantuvo fiel toda su vida.
A los 15 años, en 1621, después de vencer la resistencia de sus padres ingresó en el convento benedictino de Bassano del Grappa. Le fue impuesto el nombre de Juana María. Después de realizar los tres votos preceptivos, comenzó el camino hacia la perfección siguiendo la vía tradicional: purificativa, iluminativa y sensitiva. Su vida estuvo llena de visiones celestiales y durante siete años recibió “muchas gracias” y pudo gozar del sabor celestial, sobre todo con frecuentes experiencias místicas, que eran más intensas cuando recibía la comunión.
Tuvo diálogos místicos con Cristo que le llevaron a una gran tribulación en el cuerpo y en el espíritu. A los 20 años, durante unos de sus éxtasis, Jesús le puso el anillo de los desposorios místicos, desde entonces, y durante algunos años, al mediodia desde el jueves hasta la tarde del viernes o la mañana del sábado, revivía en éxtasis todos los momentos y todos los dolores de la Pasión de Cristo. Recibió los estigmas. 
Estos fenómenos por un lado la llenaban de alegría, pero por otro la angustiaban, porque le hacían aparecen a los ojos de los demás "como aquello que no es" como decía ella misma. Oró intensamente para que le fuera concedida la gracia que desaparecieran los estigmas y que los éxtasis ocurrieran solamente por la noche, permitiéndole así llevar una vida normal dentro del monasterio. Tuvo también el don de la bilocación. 
Su fama de santidad se difundió, lo que suscitó la contrariedad de algunas cohermanas, del confesor y de la Curia de Vicenza que durante siete años la prohibió acercarse al locutorio y de escribir cartas. Hasta su confesor la consideraba "loca" y llegó hasta prohibierla la comunión hasta que un día la forma sagrada le fue llevada por un ángel. En este periodo enfermó con fiebres continuas y ciática. 
La situación cambión: le fue permitido escribir y fue elegida abadesa en 1652. En 1655 fue elegida priora hasta 1664, cuando fue elegida de nuevo abadesa. Enseñó a las monjas que la santidad no consiste en hacer cosas grandes, sino en cumplir perfectamente las cosas simples y comunes. Muchos, también nobles, recurrieron a ella para pedirla consejo y muchos necesitados gozaron de su gran caridad, virtud que junto a la humildad y a la heroica paciencia fueron las características de su vida.
Murió llena de méritos y dolores en Bassano. Dejó escrito, además de sus cartas, las "Meditazioni sulla Passione di Nostro Signore Gesù Cristo". Muchas curaciones fueron atribuidas a su intercesión. Fue beatificada el 9 de junio de 1783 por Pío VI. Patrona de Bassano y Asiago.