3 de febrero de 2015

Santos SIMEÓN y ANA. s. I.

(Simeón “el Anciano). El que obedece. Dios escucha
(Ana “la Profetisa). Gracia de Dios, benéfica, compasiva

Martirologio Romano: En Jerusalén, conmemoración de los santos Simeón y Ana, el primero anciano justo y devoto, la otra viuda y profetisa: cuando el niño Jesús fue llevado al templo para ser presentado según la costumbre de la ley, ellos lo saludaron como Mesías y Salvador, beata esperanza y redención de Israel

De Simeón dice el Evangelio de Lucas 2, 22-35 en la presentación de Jesús en el templo: "Había en Jerusalén, un hombre de nombre Simeón, persona justa y piadosa, que esperaba la consolación de Israel. Y sobre él estaba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto el Cristo el Señor. Fue al templo, guiado del Espíritu Santo, cuando sus padres llevaron al niño, para cumplir la ley, y él lo cogió entre los brazos, y bendijo a Dios, exclamando: “Ahora deja, oh Señor, que tu siervo se vaya en paz, según tu palabra; porque mis ojos ha visto tu salvación, preparada por Ti para todos los pueblos; luz para iluminar las gentes y gloria de tu pueblo Israel”. Esta oración de alabanza es conocida como el "Nunc dimittis" y que la Iglesia ha incorporado a la liturgia del anochecer. 
“El padre y la madre se quedaron maravillados al oír estas cosas sobre el niño. Simeón lo bendice y dijo a María, su madre: este niño, está destinado a ser causa de ruina y de resurrección de muchos en Israel, y será signo de contradicción. A ti, una espada atravesará el corazón y así serán revelados los pensamientos de muchos corazones". 
Simeón es la figura del justo del Antiguo Testamento que se abre a la acogida del Nuevo, la espera y el cumplimiento están uno frente al otro. El anciano Simeón ya puede morir tranquilo. Ha encontrado a Jesús, y la muerte ya no es como antes: es una muerte a la luz del cumplimiento. Sus reliquias se encuentran en Zara donde son veneradas. 


Ana vivió en tiempos de Cristo, lo reconoció cuando fue presentado al templo de Jerusalén a los 40 días de su nacimiento (Lc 2, 36-39): “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada, después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, dando culto a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”; es todo lo que se sabe de ella. 
El profesor J. R. Flecha Andrés, dice que Ana representa la Profecía y Simeón la Ley.