22 de febrero de 2015

Santa MARGARITA DE CORTONA. (1247-1297).

Perla, pierna.

Martirologio Romano: En Cortona, de la Toscana, santa Margarita, que profundamente conmovida por la muerte de su amante, borró los pecados de su juventud con una penitencia saludable, pues recibida en la Tercera Orden de San Francisco, se entregó a la contemplación de Dios y fue favorecida por especiales carismas.

Margarita de Bartolomeo nació en Laviano, cerca de Cortona, y fue hija de un labrador; perdió a su madre a los seis años, y poco después, una madrastra amargó su niñez con celos y desdenes. Era una muchacha de extraordinaria hermosura, en la comarca decían que parecía una princesa, y que desde luego era digna de un príncipe. Encontró a un joven y apuesto caballero de Montepulciano, llamado Arsenio, que era marqués y que la convenció para compartir su vida, prometiéndole que algún día sería su esposa. Margarita tenía 16 años y durante nueve años más fue la amante del marqués a quien dará un hijo. En 1273, el caballero murió apuñalado, su perro fue quien le enseñó el lugar donde estaba el cadáver de su amante, y esto la convirtió. Margarita lo dejó todo y volvió con su hijo a casa de sus padres, que le cerraron las puertas, después de confesarse públicamente en la iglesia de su ciudad de todos sus pecados.
En Cortona encontró la protección de unas piadosas damas: Marinaria y Romería Moscari, que la encaminaron hacia los franciscanos, uno de los cuales, fray Giunta Bevegnati, será su director espiritual. Se hizo Terciaria franciscana en 1276, edificó a todos con sus mortificaciones y su caridad, fundó el hospital de Santa María de la Misericordia (1278), cuidó a parturientas y enfermos, trabajó para los pobres, mientras que a su alrededor se daba el chisme y la calumnia. Murió a los 50 años dejando la síntesis de su experiencia mística en una frase: "la salvación es fácil, basta amar". En los últimos años, en sus ansias de soledad, se encerró en una ermita que había al pie del pueblo, pero antes había confiado a su hijo a un preceptor de Arezzo, y siguió su vida y estudios en la lejanía, hasta que se hizo fraile franciscano. En su habitación no había más que un montón de juncos que le servían de lecho. Su cuerpo está incorrupto y sobre su tumba se produjeron muchos milagros. 
Aunque no fue formalmente canonizada sino hasta el 16 de mayo de 1728 por Benedicto XIII, la diócesis de Cortona y la Orden Seráfica habían obtenido, desde dos siglos antes, el permiso de celebrar su fiesta. Patrona de Cortona.