4 de febrero de 2015

San ISIDORO DE PELUSIO. M. c. 450.

(Isidoro Pelusiaca).
Don de Isis. Fuerte don

Martirologio Romano: En Pelusio, también en Egipto, san Isidoro, presbítero, hombre de profunda doctrina, que, despreciando el mundo y las riquezas, trató de imitar la vida de san Juan Bautista en el desierto, vistiendo el hábito monástico.

Nació en Alejandría. En ocasiones se le designa por error como Isidoro de Damieta. Dejó su familia y propiedades, se retiró a una montaña cerca de la ciudad de Pelusio, cuyo nombre se conectó luego al de él, y abrazó la vida religiosa en el monasterio de Licnos, donde pronto fue famoso por su exactitud en la observancia de la regla y por su austeridad. Un pasaje en su voluminosa correspondencia ofrece razones para creer que ejercía el oficio de abad. Su correspondencia nos da una idea sobre su actividad. Lo muestran peleando contra clérigos indignos cuya elevación al sacerdocio y al diaconato era un serio peligro y escándalo para los fieles. él se quejaba de que muchos laicos dejaban de recibir los sacramentos para evitar contacto con estos hombres deshonrosos. 
Su veneración por san Juan Crisóstomo le hizo proponerle a san Cirilo de Alejandría que le hiciera completa justicia a la memoria del gran doctor. Intervino en cuestiones disciplinares y canónicas de la región y en la controversia nestoriana: trató de poner de acuerdo a Juan de Antioquía y san Cirilo de Alejandría en la discusión de la doble naturaleza de Cristo. 
Existen todavía muchas de sus cartas, que tienen un gran contenido espiritual.  Estas cartas de san Isidoro pueden ser divididas en tres clases, de acuerdo al tema tratado: las que tratan sobre el dogma y la Biblia, sobre la disciplina eclesiástica y monástica y sobre la moralidad práctica para la guía de los laicos de todas clases y condiciones. 
Por doquier se le veía practicando lo que enseñaba a otros, es decir que su vida correspondía con sus palabras (coherencia), que uno debe practicar lo que enseña, y que no es suficiente indicar lo que se debe hacer, si uno no traduce sus palabras en acción.