6 de febrero de 2015

Beato ALFONSO MARÍA FUSCO. (1839-1910).

Noble guerrero


Martirologio Romano: En Angri, cerca de Salerno, en la Campania, beato Alfonso María Fusco, presbítero, el cual ejerció su ministerio entre los agricultores, preocupándose sobre todo por la formación de jóvenes pobres y huérfanos, y fundó la congregación de Hermanas de San Juan Bautista

Nació en Angri, Salerno (Italia), en el seno de una familia campesina. Sus padres le pusieron el nombre de Alfonso María en honor de san Alfonso María Ligorio, ya que los restos del santo se conservan en Pagani, ciudad a poca distancia de su residencia, y un redentorista les predijo el nacimiento de este hijo y que sería santo. A los once años manifestó a sus padres el deseo de ser sacerdote y en 1850 ingresó en el seminario diocesano de Nocera de Pagani. En 1863 fue ordenado sacerdote; fue destinado a la Colegiata de San Juan Bautista de Angri, donde demostró sus grandes dotes como confesor. Se dedicó a la evangelización del pueblo con una predicación profunda, sencilla e incisiva. 
En los últimos días de su estancia en el seminario una noche soñó que Jesús Nazareno le pedía que, apenas fuese ordenado sacerdote, fundase un Instituto de religiosas y un orfanato para niños y niñas. Fue el encuentro con Magdalena Caputo en Angri, mujer decidida, que aspiraba a la vida religiosa, lo que le obligó a acelerar la fundación del nuevo Instituto y que sería su primera superiora con el nombre de sor Crocifissa. Se les unieron otras jóvenes que querían dedicarse a su propia santificación, al servicio de los pobres, sobre todo los huérfanos. Así se fundó las Hermanas Bautistinas del Nazareno en Scarcella, cerca de Angri en 1878. 
La residencia de la nueva fundación se llamó la Pequeña Casa de la Divina Providencia, donde comenzaron a llenarla de huérfanos. Pero como casi todas las fundaciones tuvo dificultades con la jerarquía eclesiástica: el cardenal Respighi, Vicario de Roma le dijo: “Ha fundado una comunidad de hermanas competentes que han hecho su deber. ¡Ahora retírese!”. Alfonso obedeció. 
No dejo mucho escrito y prefirió hablar con el testimonio de su vida, su gran amor por la Eucaristía, la Pasión de Cristo y la Virgen Dolorosa. Atendió a su fundación con un gran amor, delicadeza, cuidando los huérfanos y animando a las religiosas al estudio para poder evangelizar mejor. Se abrieron más casas. Murió en Angri de una enfermedad repentina y exclamó: “Señor, te doy gracias, he sido un siervo inútil”. SS Juan Pablo II lo proclamó beato el 7 octubre de 2001.