3 de septiembre de 2014

Beato ALBERTO BESOZZI. M. 1205.


Nació en Arolo, en el seno de una ilustre familia milanesa. Tenía una buena posición, pero la avidez le llevó a practicar la usura y comercios poco lícitos hasta que, hacia el 1170, un accidente dio un cambio a su vida. Mientras con algunos compañeros se encontraban en una barca en el lago Mayor, fueron sorprendidos por una terrible tempestad. Creyendo que iba a morir, invocó la ayuda divina y prometió cambiar de vida. En particular se dirigió a santa Catalina de Alejandría de quien era muy devoto. Murieron todos sus compañeros, mientras él llegó a una pequeña ensenada en Leggiuno, donde había unas rocas pendientess sobre la costa llamada “Bàllaro”, que indicaba inestabilidad. 
Alberto, después de esta experiencia comenzó a reflexionar. Habló con sus parientes y amigos: quería mantener su promesa e inició a poner remedio a sus errores. Su esposa, una noble milanesa muy devota, no sólo lo secundó, sino que además, de común acuerdo, ingresó en un monasterio. Alberto decidió retirarse, pobre y solo, al lugar donde las olas durante la tempestad le había arrojado. Imitando a san Juan Bautista comía de lo que la naturaleza le ofrecía y del pan que los marineros colocaban en un cesto que él situaba en el alto. Poco a poco creció su fama de santidad. Muchos se acercaron a su gruto buscando consejo. Llegaron también representantes oficiales de varios pueblos vecinos, en el 1195, se le pidió que intercediera por el fin de una terrible peste. Alberto, después de ocho años de profunda oración, obtuvo la gracia y, como signo de gratitud, le construyeron al lado de la gruta un pequeño templo como el que estaba dedicado a santa Catalina en el Monte Sinaí. A su muerte, tuvo sepultura en la pequeña iglesia y fue aclamado como Beato por los habitantes de Verbano, aunque el culto no ha sido nunca aprobado. 

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