15 de agosto de 2015

Beato VICENTE SOLER (de San Luis Gonzaga). (1867-1936).


Martirologio Romano: En el pueblo de Motril en Granada en la costa española, beato Vicente Soler, sacerdote de la Orden de los Agustinos Recoletos y mártir, que fue condenado a muerte en la misma persecución junto a otros compañeros de prisión preparados devotamente por él a la muerte y triunfo en Cristo, fue fusilado ante el muro del cementerio

Natural de Malón, Zaragoza. En su juventud ingresó en la Orden de los Agustinos Recoletos, donde profesó el 15 de mayo de 1883 con el nombre de fray Vicente de San Luis Gonzaga. Estrenó su sacerdocio en Filipinas donde trabajó varios años en las islas periféricas y sufrieron la persecución de la independencia; presado como español por los insurgentes contra España, estuvo preso hasta el año 1900, en que quedó libre pudiendo reanudar su apostolado. Luego fue destinado al Brasil. 
En 1906 vuelve a España donde tiene diversos cargos, entre ellos el de asistente de la provincia de Santo Tomás de Villanueva, trabajando intensamente en la predicación de la palabra de Dios y en la formación de los jóvenes religiosos. Prestigiado dentro de la Orden por sus magníficas cualidades y virtudes, fue elegido prior general en 1926, este último oficio lo aceptó a disgusto y terminó por renunciar a él. Se retiró a Motril donde continuó su apostolado y donde daba un espléndido ejemplo de vida religiosa, teniéndolo los fieles por santo. Era un religioso ejemplar, dotado de sentido social y amante de los pobres.  En Motril infundió nueva vida a los talleres de Santa Rita, fundó el Círculo Católico de Obreros (1914) y abrió una escuela nocturna. Tenía gran devoción a María, a san José y al Corazón de Jesús. Promovió la esclavitud mariana y las vocaciones religiosas y sacerdotales. Escribió libros de índole histórica, devocional o religiosa. 
Cuando el 25 de julio de 1936 las turbas se apoderaron de Motril y quemaron las iglesias y conventos, el P. Vicente buscó refugio en casa de unos amigos, pero el día 29 fue descubierto, arrestado y llevado a la cárcel. Aquí hizo vida de intensa piedad, entregado por completo a la voluntad de Dios y a la espera del martirio, ejercitando su ministerio sacerdotal a favor de los otros presos. La noche del 14 de agosto lo sacaron con otros dieciocho compañeros de prisión y los llevaron a las tapias del cementerio donde a la una de la madrugada los fusilaron. El P. Vicente estaba el décimo de la fila y fue dando la absolución a sus compañeros conforme iban siendo fusilados. Los demás fueron fusilados de espaldas pero a él se le obligó a volverse de frente a sus verdugos. Fue beatificado el 7 de marzo de 1999 por el papa Juan Pablo II.