4 de julio de 2015

Beatos GUILLERMO ANDLEBY, ENRIQUE ABBOT, TOMÁS WARCOP y EDUARDO FULTHORP. M. 1597.  


Martirologio RomanoEn York, también en Inglaterra, beatos mártires Guillermo Andleby, presbítero, y Enrique Abbot, Tomás Warcop y Eduardo Fulthorp, seglares, que durante la misma persecución fueron condenados a la pena capital por su fidelidad a la Iglesia católica y, tras pasar por crueles suplicios, volaron al Cielo, donde recibieron el premio eterno.

Guillermo nació en Etton, York, en el seno de una familia no sólo anglicana sino también anticatólica, estudió en Saint John's College de Cambridge. Después de un viaje al continente para aumentar su cultura tuvo contacto con el catolicismo. En Douai tuvo relación con el futuro cardenal Allen, fundador del colegio inglés de esa ciudad, estaba seguro de que una controversia con él pondría en claro lo absurdo del catolicismo. Después de una discusión prolongada, ninguno se dio por vencido y Allen se fue a rezar por el joven, que al día siguiente pidió su ingreso en la Iglesia Católica. Se preparó al sacerdocio en Douai y fue ordenado en 1577. 
Vuelto a Inglaterra trabajó en Yorkshire durante 20 años, llevando una vida itinerante de gran pobreza en sus vestidos y sin querer utilizar el caballo. Le distinguió siempre un gran espíritu de pobreza y de oración. Finalmente, fue arrestado y se le condenó a morir ahorcado, con arrastre y descuartizamiento, por ser sacerdote. La misma pena se aplicó a Eduardo Fulthrop, originario de Yorkshire, por haberse reconciliado con la iglesia. Tomás Warcop fue condenado a la horca por haber hospedado al P. Guillermo. Enrique Abbot, nativo de Holden, fue condenado a la misma pena por proselitismo. Un pastor protestante, que estaba preso en el castillo de York por algún delito, fingió que quería abjurar de la herejía para congraciarse con los otros prisioneros católicos, quienes le dijeron que Enrique Abbot podría indicarle el sitio de residencia de algún sacerdote católico. En efecto, a petición del pastor, Enrique Abbot trató de ponerle en comunicación con algún sacerdote. Entonces el traidor, para congraciarse con las autoridades, denunció a Abbot y a sus antiguos compañeros de prisión. Ya en el cadalso le dijeron que pidiera por la reina, lo que él hizo. Murieron en York. Fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 por el papa Pío XI.