3 de marzo de 2015

Beatos LIBERATO WEISS, SAMUEL MARZORATI y MIGUEL PÍO FASOLI DE ZERBO. M. 1716.


Martirologio Romano: En Gondar, en Etiopía, beatos Liberato Weisss, Samuel Marzorati y Miguel Pío Fasoli de Zerbo, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores y mártires, que murieron lapidados a causa de su fe católica.

Liberato Weiss (de seglar, Juan Lorenzo) nació en Konnersreuth (Baviera). A los 18 años ingresó en el convento franciscano de Eger. En 1698 recibió la ordenación sacerdotal en Viena. Se ofreció voluntario, junto con Miguel Pío de Zerbo para ir a la misión de Etiopía recién fundada. 

Samuel Marzorati (de seglar, Antonio Francisco), (1670-1716). nació en Biumo Inferiore, barriada de Varese (Italia), en 1670, cerca del convento franciscano de la Anunciación, donde pasó los primeros años de su vida. A los 22 años entró en el convento franciscano, de los llamados "Reformados", de Lugano (Suiza). Pronto pidió ir a misiones, y los superiores lo enviaron a Roma, al Colegio erigido en San Pedro in Montorio para preparar a los que iban a ser enviados a tierras de misión. Completada su formación, se le confió otra tarea, pero luego se incorporó a la misión de Etiopía.

Miguel Pío Fasoli de Zerbo (1676-1716). Nació en Zerbo, cerca de Pavía (Italia), el 3 de mayo de 1670. Ingresó en la Provincia franciscana de San Diego de la región de Insubria (Milán) y, ordenado sacerdote, comenzó su actividad enseñando teología, pero enseguida se ofreció también para integrarse en la misión de Etiopía.

Desde hacía mucho tiempo la Iglesia católica se esforzaba grandemente por restablecer la comunión plena y la unión con la Iglesia copta, sin conseguirlo. El 20 de enero de 1697, la Santa Sede, por medio de la Congregación de Propaganda Fide, abrió de nuevo la misión de Etiopía y la encomendó a los franciscanos. El Ministro general de la Orden hizo entonces un llamamiento a sus religiosos buscando voluntarios para tal misión, y muchos se ofrecieron. Entre ellos se hallaban nuestros tres Beatos. La misión franciscana tenía como objetivo llevar de nuevo a la Iglesia copta de Egipto y a la de Etiopía a la unión con la de Roma.
Los padres Liberato y Miguel Pío fueron destinados a Etiopía; el padre Samuel, a la isla de Socotra, en el Océano Indico, pero no consiguió su objetivo y regresó a El Cairo, donde se unió a la segunda expedición de sus compañeros.
El rey de Etiopía impidió el ingreso en el país, y se establecieron en Ailefun, ciudad cercana, hasta que vinieran tiempos mejores. Se les unió Samuel Marzorati, que venía de la India, e intentaron de nuevo entrar en Etiopía en 1711, y esta vez no tuvieron problemas. 
El rey, cristiano copto, les pidió que no discutieran cuestiones litúrgicas y que no se llamasen "romanos". Nuestros frailes vivieron de la profesión que habían aprendido: cuidaban a los enfermos y aprendían las lenguas locales. Con todo, la población nativa difundió habladurías contra los misioneros que fueron enrareciendo la convivencia. El Rey Justos, para evitar males mayores, envió a los franciscanos a otra provincia, Tigré.
La situación política cambió, el monarca fue destronado y los misioneros fueron entonces localizados y trasladados a Gondar para procesarlos. En el juicio, acusados de herejía contra la Iglesia Copta de Etiopía, declararon abiertamente que eran cristianos y que habían sido enviados por el Sumo Pontífice para enseñarles la verdadera fe cristiana. Contra las creencias de los coptos monofisitas, proclamaron, entre otras cosas, que Cristo tiene dos naturalezas, divina y humana, y no una sola. Afirmaron, además, la presencia real de Cristo en la Eucaristía conforme a la fe profesada por la Iglesia católica. Manifestaron que la circuncisión era innecesaria. En sus muchas discusiones, los monjes coptos no consiguieron que los franciscanos renunciaran a su fe y abrazaran las creencias de la Iglesia copta. Tras rechazar los frailes por última vez la oferta de absolución si renegaban de su credo, fueron condenados a muerte, trasladados a un lugar llamado Amba-Abo y lapidados el 3 de marzo de 1716. El padre Liberato murió casi inmediatamente, poco después falleció el padre Samuel, mientras el padre Miguel Pío, antes de expirar, aún se levantó por tres veces del montón de piedras.
La noticia del martirio llegó de inmediato a Europa por las relaciones escritas que enviaron testigos presenciales de los hechos. Con todo, el proceso de beatificación se retrasó considerablemente por diversas circunstancias. Los beatificó Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1988.