24 de marzo de 2015

Beato JUAN DEL BÁCULO. (1200 - 1290).

(Juan del Bastón. it.: Giovanni dal Bastone).
Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable

Martirologio Romano: En Fabriano, del Piceno, en Italia, beato Juan del Báculo, presbítero y monje, compañero de san Silvestre abad.

Nació en Paterno, cerca de Fabriano, en las Marcas, en el seno de una familia campesina acomodada, los Bottegoni. Fue enviado a estudiar a Bolonia para que entrara en el clero, ya que pareciera que ésta era su vocación; y allí se le formó una llaga en una pierna que lo dejó cojó para toda la vida y tuvo que usar bastón, de ahí le viene el apelativo. 
Aunque no pudo continuar sus estudios ni el grado de formación que pretendía, decidió trasladarse a Fabriano y abrir una escuela que le aseguraba cierta autonomía económica. En 1230, sin saber bien el por qué, ingresó como uno de los primeros discípulos de san Silvestre Gozzolini en el monasterio benedictino de Monte Fano. El estilo de vida del grupo de Montefano era austero y pobre, intentaban reducir al mínimo las necesidades materiales para dedicarse por completo a las cosas de Dios. La regla que seguían era la de san Benito, y cuando la pequeña comunidad de eremitas fue aprobada en 1248 por el papa Inocencio IV, tomó el nombre de Orden de San Benito de Montefano (Silvestrinos).
Juan, por deseo de san Silvestre fue presentado al obispo para su ordenación sacerdotal. La vida monástica de Juan estuvo marcada por la oración, la penitencia y la soledad, y toda encaminada a progresar en los grados de la virtud. Vivió 60 años en este eremitorio, distinguiéndose por su amor a la soledad, la prudencia y gozó del don de consejo. De rara paciencia, al que se le invoca cuando se tiene abscesos y panadizos. Murió y fue sepultado en la cripta de la iglesia de San Benedetto en Fabriano.
Desconcertante fue la desproporción entre la existencia retirada que llevó Juan por tanto tiempo y el impacto inmediato de su muerte sobre la gente. Había apenas exhalado su último suspiro, cuando dio inicio una interminable peregrinación hacia sus restos, y fue rápidamente aclamado como santo por la voz del pueblo, sin un proceso canónico formal (que  en aquellos momentos estaba comenzando a existir), hasta que en 1772, durante el pontificado Clemente XIV, se confirmó su culto como beato.