31 de diciembre de 2014

San JUAN FRANCISCO RÉGIS. (1597-1640).


Martirologio Romano: En el territorio de La Louvesc en la montaña junto a Puy-en-Vélay en Francia, san Juan Francisco Régis, sacerdote de la Compañía de Jesús, que, predicando el Evangelio y administrando el sacramento de la penitencia, por montes y aldea se empeñó sin descanso para renovar la fe católica en el ánimo de los habitantes

Nació en Fontcouverte, (Languedoc-Francia), en el seno de una familia de mercaderes. Se educó en los jesuitas de Béziers y en 1616 ingresó en su noviciado de Toulouse donde se destacó por su obediencia, sencillez y humildad. Antes de dedicarse al apostolado, pasó largas horas en oración. Los superiores le vieron maduro y en el 1630 recibió el sacerdocio. Su territorio de apostolado se desarrolló desde Motpellier hacia el Vivarais y la Velay, las montañas de Ardeche y La Louvesc (Delfinado): "Mi vida, para qué es sino para sacrificarla por las almas. ¿Cómo podría yo probar mi amor a Dios, si no le ofrezco lo que más se estima en este mundo, la salud y la vida? No me sería grata la vida, si no tuviese algo que padecer por Jesucristo. Siento un deseo vivísimo de ir a las misiones de los iroqueses y ofrecer mi vida por la salvación de aquello salvajes". 
Fue durante una peregrinación a La Louvesc, cuando san Juan María Vianney, el canto Cura de Ars, se sintió movido por el ejemplo de san Juan Francisco Regis y decidió realizar su vocación al sacerdocio. Las multitudes acudían a oírle, aunque su oratoria no era brillante y a menudo tachada de vulgar, pero que sacudía conciencias. Solía decir: "Sufrir por Jesucristo es el único consuelo que hallo en este mundo. Señor, dame fuerzas para poder sufrir más y más por tu amor". Alguien dijo de él "que no tenía más que a Dios dentro de su alma, a Dios en la boca y a Dios delante de los ojos". Poseía una gracia enorme para convertir a las almas. Se dice que una dama que era totalmente reacia a la Iglesia y hasta enemiga declarada, al ver sus distinguidos modales y su gran santidad, le dijo: "Padre ¿cómo no me voy a convertir a la fe cristiana si usted me lo pide con tanta gracia?".
La fundación de una serie de casas de refugio para mujeres de la calle (Hermandad del Santísimo Sacramento) dio pie a una serie de calumnias y amenazas de muerte, pero lo más duro fue la postura incomprensible de sus superiores, quiénes juzgaron que se excedía en su celo y que pusieron muchas trabas a su actividad. Se le considera un mártir silencioso de la obediencia. El 22 de Diciembre marchó a una misión en La Louvesc en Vivarais, donde las ventiscas eran muy fuertes, y allí, al poco tiempo murió, y en su iglesia se conserva su tumba. Se le conoce como “el apóstol de Velay”. Es el primer jesuita francés elevado a los altares. Fue canonizado por Clemente XII en 1737.