18 de noviembre de 2014

Beato OVIDIO BERTRÁN y 5 compañeros. (1892-1936).



Martirologio Romano: En Lorca, Cartagena, España, beatos Ovidio Bertrán (Esteban Anuncibay Letona), Hermenegildo Lorenzo (Modesto Sáez Manzanares), Luciano Pablo (Germán García García), Estanislao Víctor (Augusto Cordero Fernández), Lorenzo Santiago (Emiliano Martínez De La Pera Álava), religiosos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y José María Cánovas Martínez, presbítero diocesano, todos ellos mártires.

Esteban Anuncibay Letona nació en Mijancas (Álava) en 1892. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Bujedo con 16 años, y pocos meses después iniciaba su noviciado. Tomó el hábito el en 1909. Tuvo que volver a su casa por enfermedad, pero regresó restablecido en 1910. Emitió los primeros votos en 1911, en Bujedo. Hizo la profesión perpetua en Madrid en 1919. Después del Escolasticado inició su apostolado en la escuela llamada “Beneficencia”, de Madrid.
Fue nombrado Director de la Escuela de Chiclana y posteriormente de la de Puente Vallecas, uno de los barrios más pobres de Madrid, donde se encontraba cuando en 1931 los revolucionarios quisieron quemar la escuela. Después pasó a dirigir la de San Fernando, cerca de Cádiz. Después de dos años pasó a la de San Luis, de Sevilla, y dos años después a la de Lorca, donde estaba cuando sobrevino la persecución religiosa que le llevaría al martirio. 
El 30 de julio de 1936 se presentaron en la Escuela San José un grupo de personas que se decían “Trabajadores de la Enseñanza”, reclamando que les entregaran el inmueble, en nombre del “Frente Popular” (formado por partidos y organizaciones de izquierda). El hermano Director llamó al abogado de la Escuela, don José María Campoy, que consiguió diferir lo que exigían aquellos señores. Pero cuando el Hno. Director esperaba que volvieran para exigir la entrega del edificio, los que acudieron fueron veinte milicianos de la Confederación Nacional del Trabajo, invadieron la casa, hicieron un registro en todas las dependencias, en busca de armas y de dinero, que no hallaron, y terminaron sacando a los Hermanos atados y detenidos. Aquel día los encerraron en los sótanos del edificio donde habían establecido la sede de la CNT, el llamado palacio del Conde de San Julián.
El 1 de agosto trasladaron a los Hermanos a la cárcel, donde ya estaban detenidos otros sacerdotes, religiosos y católicos significados por sus creencias. Los Hermanos llevaron en la cárcel una vida de suma edificación. Pasaban rezando la mayor parte del tiempo, juntos recitaban el rosario y el "viacrucis", leían en voz alta algún libro piadoso, y también escribían cartas, la mayor parte de las cuales no llegaron a su destino porque los carceleros las rompían.
El 30 de septiembre se constituyó el tribunal popular para juzgar a los Hermanos, y el juez, don Lino Martín Carnicero, decretó ponerlos en libertad, porque los cargos contra ellos no constituían delito alguno. Pero el 2 de octubre un escrito del Comité del Frente Popular de Lorca mandaba que se ignorase la sentencia, ya que aquellos presos eran considerados peligrosos. Por lo tanto, los Hermanos siguieron presos. Los días transcurrían sin poder adivinar el futuro, hasta que llegó el día del martirio.
Fue el miércoles 18 de noviembre de 1936. Uno de los milicianos que intervino en el asesinato, Juan Meras, relató más tarde el suceso. Un jefe miliciano, llamado Avelino, dio orden, a las 5 de la mañana, de sacar al beato don José María Canovas y a los cinco Hermanos. Les ataron los brazos, los subieron a un camión y les dijeron que los llevaban a otro sitio, para prestar declaración. Pero donde los llevaron fue a las afueras del pueblo, a un monte donde hubo unas minas de azufre, uno de cuyos pozos tenía más de 100 metros de profundidad. Les mandó sentarse, atados como estaban, y que rezaran. Un pelotón de milicianos se puso detrás de ellos y el jefe ordenó disparar. Después, con el revólver, remató uno a uno con un tiro en la cabeza. El relato dice que algunos milicianos se pusieron a bailar y a pisotear los cadáveres. Luego les quitaron las cuerdas y, agarrándolos por los pies, los arrastraron hasta el pozo de azufre donde los tiraron. “-Es bastante profundo para que nadie se entere de que están aquí, y en caso de que triunfen los católicos, no vendrán a venerar sus restos”, dijo uno de los milicianos. Actualmente el pozo es conocido como “Pozo de los Mártires”.

Modesto Sáez Manzanares nació en Revilla del Campo (Burgos) en 1903. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de La Salle de Bujedo en 1916. Tomó el hábito en 1919. Hizo sus primeros votos en 1921, en Bujedo. Emitió la Profesión Perpetua en 1928, en Bujedo.
Después del escolasticado inició el apostolado en la Escuela de Puente Vallecas, en Madrid, de donde pasó a Melilla por breve tiempo. Pasó luego a la Escuela de Santa Susana, en Madrid y de allí a la Escuela Sagrado Corazón, de Jerez, y a Almería. Su última comunidad fue Lorca, en la cual le sorprendió la persecución religiosa de 1936, y allí fue asesinado. 

Germán García García nació en Quintanilla la Mata (Burgos) en 1903. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1916. Tomó el hábito religioso en 1919. Hizo los primeros votos en 1921, y los votos perpetuos en 1928, en Bujedo. En septiembre de 1922 comenzó su apostolado en la Escuela de San Martín, de Madrid. En 1926 pasó al Colegio Maravillas, también en Madrid, donde estuvo cinco años. Cuando el colegio fue incendiado por las hordas revolucionarias, el 11 de mayo de 1931, fue trasladado a la Escuela de la Inmaculada, de Santiago de Compostela.
Estuvo un año en la Escuela La Purísima, de Sevilla, volvió otro año a Madrid, y finalmente, en 1934, fue destinado a Lorca, donde llegó el 9 de septiembre. En esta comunidad le sorprendió la persecución religiosa y allí murió mártir. 

Augusto Cordero Fernández nació en Bustillo de la Vega (León) en 1908. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de La Salle con 16 años, pero debido a su retraso en los estudios tuvo que esperar un año para pasar al Noviciado. Hizo su primera profesión en 1927 y la profesión perpetua en 1933. 
Después del escolasticado inició su apostolado en la Escuela de Peñuelas, de Madrid, en 1930. En 1933 fue destinado a la Escuela San José de Lorca, donde le sorprendió la persecución religiosa y allí fue martirizado. 

Emilio Martínez de la Pera Álava nació en Hueto de Arriba (Álava) en 1913. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1926. Tomó el hábito religioso en 1929 e hizo sus primeros votos en 1930. 
Terminado el escolasticado fue destinado a la Escuela San José, de Lorca, a donde llegó en septiembre de 1933. Fue su única comunidad, pues allí le sorprendió la persecución religiosa y también el martirio. 

José María Cánovas Martínez nació en Totana (Murcia) en 1936. Sus padres eran panaderos. El joven José María, alentado por los frailes del Convento de los Padres Capuchinos, pasó posteriormente a la Escuela Apostólica que los religiosos tenían en Orito (Alicante). Tras esa etapa vuelve a Totana y en 1909 ingresó en el seminario diocesano de San Fulgencio, en donde su fe y compromiso con el Evangelio y con la Iglesia van tomando consistencia.
Fue ordenado sacerdote en 1921. Ese mismo año fue nombrado coadjutor de la parroquia de Santiago de Lorca. Allí “se entregó con ardor al ejercicio del Sagrado Ministerio para la administración de Sacramentos y santificación de las almas, distinguiéndose sobre todo por su celo en llevar almas a la consagración completa a Dios en la vida religiosa”.
En 1935 se hizo cargo de la parroquia de Santiago de Lorca. Ejerció su ministerio sacerdotal en dicha parroquia hasta que fue encarcelado en agosto de 1936. Al estallar la Guerra Civil, algunos amigos le habían aconsejado que abandonara la parroquia, pero él siempre respondía: “-¡Cómo me voy y dejo la parroquia!”, pues había hecho suyo uno de los puntos de su oración diaria: “¡Ojalá pudiera salvar a todos los hombres, muriendo por cada uno de ellos!”.
Los presagios se hicieron realidad al ser encarcelado el 3 de agosto de 1936. Don José María fue juzgado junto con otros sacerdotes y declarados inocentes. A pesar de ello continuaron en la cárcel viendo morir a otros hermanos en el sagrado ministerio, sintiendo que el odio se cebaba por su compromiso evangélico. Viviendo unidos en la intensidad de la oración, le pedían a Dios que les infundiera la fortaleza necesaria para llevar con espíritu cristiano el dolor por el que estaban pasando. Murió mártir junto a cinco hermanos de La Salle.