27 de agosto de 2015

Beato FRANCISCO DE SANTA MARÍA y 14 compañeros. M. 1627.


Martirologio Romano: En Nagasaki, en Japón, beatos Francisco de Santa María, presbítero de la orden de los Hermanos Menores, y sus catorce compañeros, mártires, que por orden del gobernador de la ciudad sufrieron el martirio en odio al nombre cristiano

Martirio del B. Bartolomé Laurel
Nació en Montalbanejo (Cuenca). Muy joven entró en la Provincia de San José de los franciscanos descalzos, en la que hizo la profesión religiosa y fue ordenado sacerdote. Se ofreció para ir a las misiones y en 1609 marchó a Filipinas, donde trabajó con mucho celo por la conversión de los nativos y la salvación de las almas.
  Llevaba ya 14 años en Filipinas cuando se le propuso la posibilidad de pasar a Japón, pese a que estaba vigente la persecución y se corría un gran peligro. Hay que decir por tanto que incluyendo la perspectiva del martirio es como el P. Francisco de Santa María se ofreció para ir a Japón, a donde marchó acompañado del beato hermano Bartolomé Díaz “Laurel”. Desembarcaron ambos religiosos en una playa próxima a Nagasaki y como no tenían asignado un puesto de misión fijo, lo primero que hicieron fue enterarse de qué comunidades estaban más desasistidas, pues era su intención cubrir los puestos más abandonados religiosamente a causa de la persecución. Su vida fue, pues, itinerante, y ciudades, aldeas, caminos y bosques, altas montañas y ríos fueron los sitios por donde ambos misioneros hubieron de pasar continuamente. Tenían los misioneros la consigna de no exponer las vidas sino reservarse para poder ejercer el apostolado, ya que el martirio dejaba sin obreros el campo evangélico. Como la búsqueda policial arreciaba más, en algunas ocasiones se vieron los misioneros obligados a vivir en los bosques, únicos sitios de mayor seguridad, albergándose en pobres cabañas y pasando grandes privaciones. Pronto tuvieron una estimable compañía: un joven cristiano japonés que se había unido a ellos, profesaría, ya preso, en la Orden franciscana y se convirtió en su guía y mentor, con la garantía de pasar muy inadvertido por ser nativo. Se trataba del beato Antonio de San Francisco, que morirá mártir con sus dos compañeros. Así pasaron cuatro años de intensa y fecunda labor apostólica.
 En la primavera del año 1627 estaban en la casa del beato Gaspar Vaz el P. Francisco y el Hno. Laurel junto con un grupo de cristianos para celebrar allí la eucaristía. Un apóstata se enteró y avisó a la policía. Ésta llegó con presteza y rodeó la casa, y todos hubieron de entregarse. No estaba fray Antonio, pero al enterarse de la detención acudió a declarar su cristianismo y quedó igualmente preso. Fueron todos llevados a la cárcel y allí se dedicaron a la oración, animándose mutuamente a permanecer firmes en la fe. Juzgados, se les condenó a muerte.
 Además de los ya mencionados eran: María Vaz, Luis Soyeman, Francisco Cufioye, Tomás Wo Yinyemon, Lucas Kiiemon, Miguel Kizaiemon, Martín Gómez de Facato, Francisco Curobioye, Cayo Yiyeimon, María Magdalena Kiota y Francisca Bizzoca Pinzokera. Fueron trasladados a la prisión de Nagasaki, donde sufrieron toda clase de penalidades. Una parte del grupo fueron degollados y la otra parte quemados vivos a fuego lento.