9 de agosto de 2015

Beato FLORENTINO ASENSIO BARROSO. (1877-1936).


Martirologio Romano: En Barbastro, también en España, beato Florentino Asensio Barroso, obispo y mártir, que en el furor de la persecución contra la Iglesia, acribillado a balazos, dio testimonio con su sangre de la fe que había predicado constantemente al pueblo que tuvo encomendado.

Nació en Villasexmir, Valladolid, diócesis de Palencia, en el seno de una familia modesta. Cuando todavía era un niño la familia se trasladó a vivir a su pueblo de origen, Villavieja del Cerro, donde transcurrió su infancia y realizó sus primeros estudios. Desde su infancia sintió la vocación sacerdotal; ingresó en el seminario de Valladolid donde estudió Filosofía y Teología, sobresaliendo en los estudios. Fue ordenado sacerdote en 1901, y fue destinado a las parroquias de: Villaverde de Mediana,  Dueñas y Carrión. En 1903, fue nombrado capellán de las Hermanitas de los Pobres y luego de las Siervas de Jesús. En 1905, el obispo Cos y Marcho de Valladolid, le nombró su secretario particular y mayordomo del palacio episcopal, al tiempo que se le confió la cátedra de Metafísica del seminario diocesano. Fue nombrado miembro del cabildo metropolitano y párroco de la catedral. Acreditado como predicador y director espiritual, fue estimado por todos por su sencillez evangélica, afabilidad y celo apostólico. En 1918, le nombraron consiliario del célebre Sindicato de Obreras, donde se sensibilizó y trabajó denodadamente en los problemas religiosos y sociales. 
Fue consagrado y nombrado obispo de Barbastro (Huesca) en 1936, en plena República española. Antes de aceptar el cargo se resistió cuanto pudo, insistiendo el nuncio Tedeschini en que aceptase la dura tarea a la que la Iglesia lo llamaba. 
Su nombramiento y toma de posesión como obispo coincidieron con las elecciones y triunfo del Frente Popular. Las circunstancias eran tan difíciles que hasta el cabildo catedralicio consideró más oportuno el retrasar la llegada a la diócesis. Por eso su toma de posesión fue casi privada y anunció que su misión era la transmisión del Evangelio, para la mejor formación de sus fieles. Se encontró con el seminario usurpado y comenzado a derribar y acudió a los tribunales en defensa del patrimonio de la diócesis. Impulsó la asociación de la Doctrina Cristiana, el Sindicato Católico y la Adoración Nocturna. 
Después del alzamiento militar, se detuvieron a varios sacerdotes, al enterarse, Florentino, envió una protesta al Ayuntamiento. Aquella tarde fue arrestado en su domicilio, de donde lo trasladaron a la residencia de los escolapios. Pocos días más tarde tuvo que abandonar el traje talar. Aunque no podían celebrar misa, conservaron, los presos, la Eucaristía reservada y pudieron comulgar hasta casi el mismo día de su martirio. Todos los detenidos hicieron una novena al Sagrado Corazón que terminó el 8 de agosto, y en ese día el obispo hizo una confesión general de su vida. 
Tras una arenga de Durruti, el obispo fue sometido a interrogatorio dos veces. Fue llevado a la cárcel y allí se encontró con sacerdotes y fieles detenidos, a quienes confortó y dio su bendición. Fue fusilado, discrepando las fuentes sobre el sitio exacto de su martirio. Antes de morir les dijo: “Me lleváis a la gloria. Yo os perdono. En el cielo rogaré por vosotros”. Un reconocimiento de su cadáver cuatro años después de su muerte no confirmó que le hubieran amputado por tortura los genitales como se decía. Fue beatificado en Roma el 4 de mayo de 1997 por SS Juan Pablo II.