23 de julio de 2015

San JUAN CASIANO. (c.360 - 435).


Martirologio Romano: En Marsella, ciudad de la Provenza, en la Galia, san Juan Casiano, presbítero, que fundó un monasterio para varones y otro para mujeres, y, como fruto de su larga experiencia en la vida monástica, escribió para los monjes dos obras: Instituciones Cenobíticas y Conferencias de los Padres.


Nacido en Drobudja (Rumanía) de madre griega y padre escita, se hizo monje en Jerusalén y vivió durante 15 años en Egipto, recogiendo información sobre el monacato, y viviendo como eremita según la tradición de san Antonio Abad. Entre el 390 y el 400 tuvo que dejar el desierto egipcio, a causa de la política del obispo alejandrino Teófilo, contrario a la teología origenista y se refugió en Constantinopla. Tuvo que marcharse de esta ciudad cuando fue exiliado el patriarca san Juan Crisóstomo. Llegó a Roma, y estuvo aquí unos diez años y entabló amistad con el futuro papa san León I Magno. 

Hacia el 410 se estableció en Marsella, donde fundó la abadía de San Víctor en el emplazamiento de un antiguo cementerio y un convento femenino a los que gobernó desde Lerins. Convirtiéndose así en el maestro del monaquismo occidental. Sus "Conferencias" y su "De Institutis Coenobiorum" fueron recomendadas por san Benito como tratados muy autorizados para la formación de los monjes, y que han ejercido una gran influencia en el mundo cristiano. Su modelo de santidad es rígidamente monástico, hasta el punto de equiparar a los laicos cristianos como “gentiles” o no cristianos. Su doctrina tiene tintes de semipeliagianismo y fue condenada en el concilio de Orange del 529. Pero ello no mermó su santidad personal, y su obra, que por primera vez daba una regla al monacato occidental e introducía la mística en la relación del hombre con Dios. Sus tesis fueron mitigadas por otros santos fundadores y por el papa san Gregorio Magno. Murió en Marsella. 
 Nunca hubo un acto formal de aprobación del culto de Casiano, pero en la tradición monástica siempre fue tenido como santo, e incluso el papa san Gregorio Magno habla de él como santo. Los bizantinos celebran su fiesta el 29 de febrero. El Martirologio Romano actual reivindica su figura inscribiéndolo en el catálogo, lo que equivale informalmente a una aprobación del culto.