24 de mayo de 2015

San VICENTE DE LÉRINS. M. c. 445.

(fr.: Vincent de Lérins).
El que vence.

Martirologio Romano: En el monasterio de Lérins, en la Provenza, san Vicente, presbítero y monje, que fue muy célebre por su doctrina cristiana y santidad de vida, y se empeñó con denuedo en el progreso de la fe de los creyentes.

Se cree que pertenecía a una noble familia de la Galia. Se dice que en su juventud fue militar, pero parece que lo que realmente fue era un joven mundano, que abandonó su vida turbulenta para hacerse monje en el monasterio de Lérins, donde fue ordenado presbítero. Se hizo religioso una vez "ahuyentados los vientos de la vanidad y de la soberbia, aplacando a Dios con el sacrificio de la humildad cristiana". 
El monasterio de Lérins, acogió el magisterio de Casiano que defendía el semipelagianismo, y Vicente destacó entre los monjes que defendieron esta doctrina herética. Fue un hombre muy docto y tuvo disputas teológicas con san Agustín de Hipona, respecto al semipelagianismo que defendía que algunos movimientos de la voluntad humana preceden a la gracia, por lo que la fe no es un don de Dios, sino que depende de la voluntad humana, que permaneciendo en el bien se llega a la perseverancia final. La Iglesia, después de su muerte condenó su doctrina por caer en el semipelagianismo, pero reconoció su buena fe y por ello no fue condenado. 
En el 434, escribió el "Commonitorium" bajo el seudónimo de Peregrino, un manual de reglas de conducta para alcanzar la perfección cristiana, pero que es conocido por su doctrina del desarrollo externo del dogma; formula el principio según el cual deben ser consideradas verdaderas aquellas doctrinas que han sido creídas "en todos los sitios, siempre y de todos los fieles" (quod ubique, quod semper, quod ab omnibus); a esto se le ha llamado el "canon vicenciano"; y es también una condena al nestorianismo. Sostuvo que el papel de la Iglesia era la de guardiana de la correcta interpretación de las Escrituras, la fuente primera de la doctrina cristiana. San Roberto Belarmino, calificó su libro de "libro todo de oro".