5 de abril de 2015

San VICENTE FERRER. (1350-1419).

El que vence. 

Martirologio RomanoSan Vicente Ferrer, presbítero de la Orden de Predicadores, de origen español, que recorrió incansablemente ciudades y caminos de Occidente en favor de la paz y la unidad de la Iglesia, predicando a pueblos innumerables el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor, hasta que en Vannes, lugar de Bretaña Menor, entregó su espíritu a Dios.


Nació en Valencia y era hijo de Guillermo Ferrer, notario de la ciudad. Ingresó en los dominicos en 1367, profesó en 1368; fue enviado al convento de Santa Catalina de Barcelona para iniciar sus estudios. En 1370 fue asignado al convento de Lérida como profesor de Lógica y donde escribió “De suppositionibus logicis” (teoría de las suposiciones dialécticas); en 1732, regresó a Barcelona para seguir estudiando; aquí se inició como predicador y se le atribuyen algunos milagros. En 1378, marchó a Toulouse para completar su formación. Fue ordenado sacerdote en el 1379, cuando el Cisma de Occidente, en Barcelona. Regresó a Valencia donde fue elegido prior, y se puso al lado del papa de Aviñón, el cardenal Pedro de Luna (futuro Benedicto XIII) le ordenó que escribiera un “Tratado del Cisma Moderno”. Dejó el cargo de prior en Valencia. En 1386, fue nombrado catedrático de Teología en la Seo de Valencia. Escribió “Tratado de vida espiritual”; “De unitate universalis”, referente a la unidad característica de los conceptos universales. Fue asesor espiritual de Juan I de Aragón.
Apoyó al Benedicto XIII como pontífice, aunque luego, para que se terminara el Cisma, le retiró su apoyo (era su penitenciario mayor); su predicación en favor de este Papa fue tal que atrajo a su obediencia a toda la iglesia española y desempeñó un papel crucial en el Concilio de Costanza. Después de la curación de una enfermedad, mientras se encontraba en Aviñón, sintió la voz de Cristo que le dijo: "Levántate y ve a predicar mi evangelio; avisa a los hombres del peligro en que viven y anuncia el día del Juicio. Yo seré siempre contigo". Vicente encontró en la predicación incansable el apostolado de su vida. Los judíos son uno de sus campos predilectos, y sólo en Valencia bautizó a 10.000 personas; entre ellos está el vallisoletano Pablo de Cartagena, que luego sería obispo de Burgos. Recorrió con su predicación España, Francia, Suiza e Italia. Decía: "Como en el surtidor, las teorías de la tierra no nos pueden levantar por encima de la tierra; sólo el evangelio nos eleva hasta el Cielo, de donde procede". Tuvo un gran éxito de masas pues por donde iba todo el mundo le seguía. Exhortó a la predicación al beato Pedro Jeremías de Palermo y a san Bernardino de Siena, que se había convertido después de oírle en una predicación en Alejandría. Después de una de sus misiones,  la beata Margarita de Saboya, quiso hacerse religiosa. "Son increíbles las ocupaciones que llenan mi vida. A veces tengo que predicar dos y tres veces después de celebrar la misa. Los sermones los tengo que preparar en los caminos". 
 Hubo un grupo de personas, llamados "los flagelantes" que quisieron imitar su rigor ascético y su compromiso evangélico; Vicente los constituyó en una comunidad (1404), en Lyon. Entre estos flagelantes destacamos a tres beatos que celebran su festividad hoy: Antonio Fuster, (llamado "el ángel de la paz"), Blas de Alvernia y Pedro Cerdán. 
El periodo de 1412-1419, comprende el apogeo de este apostolado, durante el cual fue invitado a pronunciarse sobre la sucesión de la corona de Aragón, en el Compromiso de Caspe, declarándose a favor del Infante de Castilla. En la tercera y última fase de sus viajes de predicador ya no habló, como anteriormente, del anticristo y del fin del mundo. Murió en Vannes, Francia, cuando le llamó el duque de Bretaña para que predicara en aquella ciudad. Fue canonizado por Calixto III el 3 de junio de 1455. Patrón de Valencia y Vannes. MEMORIA FACULTATIVA.