1 de abril de 2015

Beatos ANACLETO GONZÁLEZ FLORES y tres compañeros. (1888 - 1927).

Por encima de la gloria. El solicitado

Martirologio Romano: En Guadalajara, México, beatos laicos José Anacleto González Flores, José Dionisio Luis Padilla Gómez, Jorge Ramón Vargas González y Ramón Vicente Vargas González, mártires.

Anacleto González nació en Tepatitlán, en 1888, en el seno de una familia pobre de solemnidad. En 1908 ingresó en el seminario auxiliar de San Juan de los Lagos; pronto alcanzó una basta cultura que le llevó a ganarse el apodo de “Maestro Cleto”. Cuando comprendió que su vocación no era el sacerdocio ingresó en la Escuela libre de leyes. Fue un notable pedagogo, orador, catequistas y lider social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara.
Escribió varios libros y artículos periodísticos llenos de espíritu cristiano. En 1922 se casó con María Concepción Guerrero, con la que tuvo dos hijos, pero nunca fue comprendido por su mujer por su compromiso cristiano. Propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia; y para ello fundó la Unión Popular, que contó con miles de afiliados.
Al finalizar el año 1626, apoyó con su prestigio, su verbo y su vida, los proyectos de la Liga nacional defensora de la libertad religiosa. Fue un hombre de oración y de comunión diaria. En 1927, fue arrestado en el domicilio particular de la familia Vargas González, fue trasladado a la cárcel de Colorado, donde fue torturado para que revelase el paradero del obispo de Guadalajara: Francisco Orozco y Jiménez. Los verdugos bajo las órdenes del general de división Jesús María Ferreira, jefe de operaciones de Jalisco, le descoyuntaron las extremidades, le levantaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo. Antes de morir, dijo a Ferreira: “Perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo juez que me va a juzgar, será juez, entonces tendrá usted, en mi un intercesor de Dios”. El militar ordenó que lo traspasaran con el filo de una bayoneta. 

Luis Padilla nació en Guadalajara (Jalisco), en 1899, en el seno de una familia acomodada. En 1917 ingresó en el seminario de Guadalajara, donde destacó por su conducta intachable y la pureza de sus costumbres. Abandonó la institución en 1921 para aclarar dudas vocacionales.
Una vez fuera del seminario ejerció como profesor y dio clases a niños y jóvenes sin recursos. Fue socio fundador de la Asociación católica de la juventud mejicana, donde desarrolló un intenso apostolado en el campo de la promoción social. Tenía una gran devoción mariana.
Al estallar la persecución contra la Iglesia católica, se afilió a la Unión Popular para trabajar por medios pacíficos en la defensa de la religión. En repetidas ocasiones expresó su deseo de seguir a Jesús hasta la muerte.
En 1927, fue detenido por los militares al mando del jefe de operaciones de Jalisco, el general Jesús María Ferreira, quién ordenó el saqueo de su casa y la detención de su madre y de una de sus hermanas. El joven Luis fue llevado a la cárcel del cuartel Colorado. Presintiendo su fin quiso confesarse, pero su compañero de prisión Anacleto González Flores le confortó diciendo: "No, hermano, ya no es hora de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un Padre y no un juez el que te espera. Tu misma sangre te purificará". Fue fusilado. Tenía 26 años.
Jorge Vargas nació en Ahualulco, Jalisco, en 1899, en el seno de una familia cristiana y acomodada. Siendo niño, su familia se trasladó a Guadalajara. Durante la persecución religiosa, en 1926, siendo Jorge empleado de la Compañía hidroeléctrica, su hogar sirvió de refugio a muchos sacerdotes perseguidos, entre otros, el padre Lino Aguirre, futuro obispo de Culiacén, Sinaloa, de quien Jorge fue custodio y compañero de correrías. A finales de marzo de 1927, la familia recibió en su casa al proscrito líder Anacleto Gónzalez Flores.
En este lugar les sorprendió la celada del 1 de abril. Todos, hombres, mujeres y niños, entre vejaciones y sobresaltos, fueron detenidos por el jefe de policía de Guadalajara. Un mismo calabozo sirvió para alojar a tres de los Vargas González: Florentino, Jorge y Ramón; su crimen, alojar a un católico perseguido.
Horas después encerraron en una celda contigua a Luis Padilla y a Anacleto Gónzalez. Jorge se lamentó de no poder comulgar, porque era primer viernes del mes, pero su hermano Ramón le dijo: “No temas, si morimos, nuestra sangre lavaré nuestras culpas”. La entereza de ánimo de los hermanos se mantuvo, charlando con desenfado antes de ser ejecutados. Por una orden de último momento, uno de los tres hermanos, Florentino, fue separado del resto. Jorge fue torturado y fusilado. Su padre y su madre, durante el sepelio se mostraron orgullosos del martirio de sus hijos.
Ramón Vargas nació en Ahualulco, Jalisco, en 1905, en el seno de una familia acomodada. Tres notas le distinguieron de sus once hermanos: el color pelirrojo de su pelo, que le valió el mote de “Colorado”, su elevada estatura y su jovialidad. Como su padre, ingresó en la Escuela de medicina de Guadalajara, donde destacó por su buen humor y su catolicismo.
En cuanto pudo hacerlo, atendió gratuitamente la salud de los pobres. A los 22 años, próximo a terminar sus estudios universitarios, Anacleto Gózalez le pidió que se sumase a los campamentos de la resistencia activa como enfermero: “Por usted hago lo que sea, Maestro, pero irme al monte no”, contestó Ramón. 
Cuando la policía entró en su casa, Ramón consiguió escaparse, pero no tardó en volver sobre sus pasos y entregarse. Cuando supo que iba a morir, su hombría de bien y su esperanza cristiana le bastaron para unir su sacrificio al de Cristo. Para atenuar la sentencia el general de división Jesús María Ferreira, ofreció dejar en libertad al menor de los hermanos; el indulto le correspondía a Ramón, pero este, sin admitir reclamos, cedió su lugar a su hermano Florentino. Antes de ser fusilado, Ramón flexionó los dedos de su mano diestra formando la señal de la cruz. Fueron beatificados por SS Benedicto XVI el 20 de noviembre de 2005.

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