10 de marzo de 2015

OTROS SANTOS DEL DÍA:



Santos Cayo y Alejandro. M. c. 172. 
Cayo: Alegre de los padres. Grajo
Alejandro: Favorecedor de los hombres. El que rechaza al hombre, el adversario
Martirologio Romano: En Apamea, junto al río Meandro, en Frigia, conmemoración de los santos Cayo y Alejandro, mártires, que durante la persecución llevada a cabo bajo los emperadores Marco Antonino y Lucio Vero fueron coronados con un glorioso martirio.
Mártires en Apamea de Frigia, durante la persecución de Marco Aurelio y Lucio Vero. Se distinguieron por su firme oposición al montanismo. Su martirio es elogiado por el obispo san Claudio Apolinar de Hierápolis en su libro contra los herejes catafrigos. En él se dice que eran naturales de Eumenia en Frigia y junto a otros cristianos rechazaron unirse a los montanistas. 

un san Víctor
San Víctor. s. III. 
Vencedor.
Martirologio Romano: En Africa proconsular, san Víctor, mártir, sobre el cual, en el día de su festividad, san Agustín escribió una homilía para el pueblo.
Hay varios santos llamado Víctor venerados por la Iglesia, pero éste es definitivamente aquel de quien tenemos menos noticias. De hecho, en honor a la verdad, no nos ha llegado más que su nombre.
Posidio, biógrafo de San Agustín, al realizar el índice de obras del gran Padre, menciona un sermón -hoy perdido- dedicado al santo mártir Víctor, unido a la cita del salmo 116b (115): «Muy valiosa le es al Señor / la muerte de sus fieles.».
Es, por eso, imposible decir a cuál de los muchos santos del mismo nombre que vivieron en el norte de África podría haberse referido. El cardenal Baronio lo insertó en el “Martyrologium Romanum” del 10 de marzo, como testimonio de culto antiguo, y así ha permanecido también en el martirologio actual.

San Macario de Jerusalén. M. c. 333. 
Dichoso. Difunto
Martirologio Romano: Conmemoración de san Macario, obispo de Jerusalén, que con sus exhortaciones obtuvo que los Santos Lugares fueran restaurados y enriquecidos con basílicas por el emperador Constantino el Grande y su madre, santa Elena.
Obispo de Jerusalén en el 314. Participó en el 325 en el I Concilio Ecuménico de Nicea y fue un firme defensor de su ortodoxia. Junto con la emperatriz santa Elena, llevó a término las excavaciones para descubrir el Calvario, la Cruz y el Sepulcro de Cristo, enterrados en tiempos del emperador Adriano. Ya el año 324, deseaba Constantino restaurar los recuerdos de Cristo en Palestina. Fue Macario quien animó a santa Elena a rescatar las reliquias del Señor en Tierra Santa y colocarlas en las basílicas para su veneración. Se dice que sugirió a santa Elena que reconociese la verdadera cruz de Jesús, entre las tres encontradas en el Gólgota, la que, tocada por una mujer gravemente enferma, le habría dado la salud.
Hizo un llamamiento a los obispos de Palestina, para construir una basílica en Hebrón, cerca de la encina de Abrahán, aún profanada por los cultos idolátricos que el emperador suprimió. Consagró obspo de Dióspolis a san Máximo de Jerusalén, nombrado por él mismo su ayudante y sucesor.

San Simplicio. Papa (468-483). M. 483.  
Sin artificio, sin malicia, simple.
Martirologio Romano: En Roma junto a San Pedro, san Simplicio, papa, que en el tiempo de las invasiones de Italia y de la Urbe por parte de los bárbaros, confortó a los afligidos, animó a la unidad de la Iglesia y fortaleció la fe
Nació en Tívoli y fue presbítero de los pontífices los santos Hilario y León Magno. Fue nombrado Papa. Bajo su pontificado cayó el Imperio Romano de Occidente, y logró salvar grandes obras de arte pagano, además construyó varias iglesias, entre ellas San Stefano Rotondo en el monte Celio. Pero su batalla principal la libró contra las herejías monofisistas; para ello apoyó los decretos del Concilio de Calcedonia y a los católicos orientales en contra de tres emperadores bizantinos que sostenían a los herejes. Intervino enérgicamente en apoyo de la primacia del obispo de Roma en cuestiones de disciplina en Italia y en España. 
A comienzos de su pontificado Simplicio renovó, como sus sucesores, la protesta contra el 28 Cánon del Concilio de Calcedonia, que otorgaba a la sede de Constantinopla derechos metropolitanos equivalentes a los de Roma para Oriente, pero pronto instauró relaciones con el obispo Acacio de Constantinopla, que le mantuvo al corriente de todo lo que sucedía en Oriente. Murió en Roma y está sepultado en la Basílica de San Pedro del Vaticano. 
Los santorales no se ponen de acuerdo en cuanto a su festividad unos afirman que fue el día 10 de marzo, día de su muerte y otros, utilizando calendarios más actuales, afirman que se celebra el 2 de marzo.

San Droctoveo. M. c. 580. 
(fr.: Droctovée).
Victorioso
Martirologio Romano: En París, en Francia, san Droctoveo, abad, puesto, por san Germán de Autun, su maestro, al frente en un cenobio de monjes establecido en esa ciudad.
Galo de nacimiento que fue discípulo de san Germán de París en el monasterio de San Sinfroniano en Autun, cuando en este monasterio regía las reglas de san Antonio Abad y san Basilio y que tiempo después pasó a la regla benedictina.
En el 555 cuando san Germán fue nombrado obispo de París, Droctoveo fue elegido abad de San Sinforiano (Sinfroniano). Poco tiempo más tarde Childeberto erigió en París un templo y abadía destinados a ser de los más importantes de Francia: en ese momento fue dedicado a la Santa Cruz y a san Vicente, diácono y mártir, del que Childeberto tenía la reliquia auténtica de su túnica, que había traído de Zaragoza. Era el año 558, y san Germán llamó a París a su discípulo san Droctoveo como abad del nuevo monasterio y organizador de la liturgia de tan importante centro cultural que luego tomaría el nombre de Saint-Germain-de-Près. 
Droctoveo sobrevivió a su maestro pocos años; la «Vita» alaba sus virtudes: espíritu de oración y sacrificio, amor al silencio, inocencia, simplicidad y sinceridad. Fue sepultado en la misma capilla de San Sinfroniano que san Germán. Sus reliquias se perdieron en la Revolución Francesa.

Beato Juan de Vallumbrosa. M. 1380. 
(it.: Giovanni Delle Celle).
Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable
Natural de Florencia, era monje del monasterio de Santísima Trinidad de esta ciudad. Devoraba día y noche libros prohibidos hasta que secretamente se dio a las prácticas nigrománticas de magia negra, hasta que fue un esclavo del vicio y de la depravación. Descubierto, fue convocado ante el abad de Vallumbrosa y confeso su culpa. Fue arrestado en una cárcel durísima que fue su salvación: Juan se arrepintió sinceramente e inició un ayuno voluntario que lo redujo a los huesos, tanto que los monjes le suplicaron que volviera a la vida comunitaria; pero él prefirió quedarse en prisión hasta casi el final de su vida. Se hizo ermitaño y esta vida le llevó a la santidad. Fue un elegante escritor y gozó de la amistad de santa Catalina de Siena.