3 de marzo de 2015

Beato PEDRO GEREMIA. (1399-1452).

(Pedro Jeremías)
Piedra firme. Roca

Martirologio Romano: En Palermo, en Sicilia, beato Pedro Geremia, presbítero de la Orden de Predicadores, que, confirmado por san Vicente Ferrer en el ministerio de la palabra de Dios, se entregó del todo a la salvación de las almas.

Nació en Palermo en la familia patricia de los Geremia. Creció lleno de gracia y modestia mostrando un ingenio poco común. Estudió Derecho en la universidad de Bolonia. Estaba para doctorarse cuando inspirado en una visión, reflexionó sobre la futilidad de los honores humanos. Se le apareció un pariente que estaba en el Purgatorio y que había ejercido la abogacía, que le dijo que, a pesar de haber defendido tantas causas, no había encontrado defensores ante el divino tribunal. Conmovido y aterrado el joven estudiante se postró delante de Dios y le ofreció su virginidad e ingresó en los dominicos. 
Sus progresos en la virtud y estudio en el convento dominico de Fiésole, fueron admirables. Pronto su inspirada palabra resonó en toda Italia. Fue exhortado al ministerio de la palabra por el mismo san Vicente Ferrer, que le tuvo un tierno afecto y le aseguró, de parte de Dios, que su celo era muy agredecido por la Divina Majestad. 
El Maestro general, Bartolomé Tessiero, después de segregar la Provincia de Sicilia de la de Nápoles, le confió, en 1417, la restauración de la disciplina regular que había decaído. Pedro se dedicó con todo el ardor de un santo en esta misión y los frutos de consolación que ganó, más que con la palabra, los obtuvo con el ejemplo y la oración.
Predicó en toda Italia y en Florencia tomó parte en el concilio de Florencia-Ferrara, por indicación personal de Eugenio IV, que trató de la unión de cristianos latinos y griegos. Su palabra fue muy escuchada por todos los padres conciliares. Fue prior del convento de Santa Zita en Palermo. Como visitador de la Orden, concedió el hábito al beato Juan Liccio en Sicilia. Sentía fortísimos dolores en las piernas, y cuando estos se mitigaban lloraba; le preguntaron el por qué de su llanto y él respondía: "Siento que la mano de Dios se retira de mi, cuando no sufro más". Murió en el convento de Santa Zita de Palermo. Copatrono de la ciudad de Palermo. 
Su culto fue confirmado por el papa Pío VI el 12 de mayo de 1784; la Orden de los dominicos lo recuerda el 25 de octubre, aniversario de la declaración como copatrono de la ciudad de Palermo.