3 de febrero de 2015

Santa MARÍA DE SAN IGNACIO THÈVENET. (1774-1837).


(Claudina Thèvenet).

Martirologio Romano: En Lyon, en Francia, santa María de San Ignacio (Claudina) Thévenet, virgen, quien, movida por la caridad y con ánimo esforzado, fundó la Congregación de las Hermanas de Jesús y María, para la formación espiritual de las jóvenes, especialmente las de condición humilde.

Nació en Lyon, en el seno de una familia acomodada. Glady, como así la llamaban sus familiares, ejerció muy pronto un fuerte influjo sobre los suyos. En el internado de la abadía benedictina de Saint-Pierre-les-Nonnains recibió “una esmerada educación integral”. Vivió en su adolescencia los horrores de la Revolución y la quiebra de la industria familiar. Presenció el fusilamiento de sus hermanos y recibió de ellos la enseñanza del perdón para los violentos: “¡Perdona, Glady, como nosotros perdonamos!”, como así hizo cuando pasó aquel período histórico. El esfuerzo hecho en aquel día y las tragedias que vivió le produjeron una cefalea que persistió durante toda su vida, a la que solía llamar su "Terror". 
En este tiempo, con 19 o 20 años, tuvo novio. Pero ahora la experiencia del perdón y de la fortaleza que brotaba del amor misericordioso de Dios cambió el rumbo de su vida. Convencida de que tanto odio era como consecuencia del desconocimiento de Dios, se preparó para la misión a la que la Providencia le había destinado: primeramente (1815-1818) como directora de un activísimo centro caritativo y de formación espiritual, constituido por la "Providencia de San Bruno" y la "Congregación de damas creadas en Lyon en honor del Sagrado Corazón de Jesús", centro animado por el sacerdote jesuita André Coindre (“Las providencias” eran instituciones benéficas creadas a principios del siglo XIX para acoger a los niños pobres, enseñarles el oficio y formales cristianamente). 
En 1818, en compañía de un grupo de amigas y animada por el padre Coindre, a la aventura de reformar la sociedad en la educación de la juventud, especialmente maltratada, que a su vez crearan familias en cuyo seno nacieran futuras generaciones donde naciera la paz y el amor. Nació así la Congregación de las religiosas de Jesús y María, bajo la Regla de san Agustín y las Constituciones de san Ignacio en 1818. Claudina tomó el nombre de María de San Ignacio. En efecto, abrió inmediatamente en Fourvière un pensionado para jóvenes de familias acomodadas, y una Providencia para las huérfanas y jovencitas abandonas, a las cuales aseguró una esmerada educación religiosa y social y, además de un oficio, el de tejedoras de la seda (la industria de aquellos días de la ciudad de Lyon). Pronto la nueva fundación se extendió por todo el mundo. Los comienzos no fueron fáciles, pero Claudina tuvo una enorme confianza en la Providencia: “Dios proveerá” será una de sus frases habituales. “Comunicar la bondad operante de Dios” y “hacer conocer y amar a Jesús y a María”. La Congregación de Jesús María estaba bien fundada, así lo aseguró san Juan Bautista María Vianney. Murió en la misma ciudad diciendo “¡Qué bueno es Dios!”. Fue canonizada el 21 de marzo de 1993 por san Juan Pablo II.