3 de febrero de 2015

Beata MARÍA ELENA STOLLENWERK. (1852-1900).


(Anna Helena Stollenwerk).

Martirologio Romano: En la población de Steyl, en los Países Bajos, beata María Elena Stollenwerk, virgen, que colaboró con el beato Arnoldo Janssen en la fundación de la Congregación de Misioneras Siervas del Espíritu Santo y, tras haber cesado en la función de superiora, se entregó a la adoración perpetua.

Nació en Rollesbroich (Alemania). Se llamaba Anna Helena Stollenwek. Desde pequeña, estaba como poseída por el anhelo de ir a China como religiosa misionera para dedicarse al cuidado de los huérfanos pobres y abandonados. Pero en Alemania no existía ninguna congregación femenina que trabajase en países de misión, y mucho menos en China. En Helena, sin embargo, ardía un fuego que ningún impedimento humano era capaz de extinguir.
En noviembre de 1881 escribió a san Arnoldo Janssen, sacerdote alemán, que había fundado una Congregación Misionera masculina, la Sociedad del Verbo Divino en Steyl - Holanda: «Anhelo entregar toda mi vida y todo mi amor al servicio del Evangelio»
Al conocer al Janssen, se trasladó a Steyl, Limburgo (Holanda), y allí prestó sus servicios de lavandería y cocina de los religiosos del Espíritu Santo de forma voluntaria. Cofundadora de la congregación misionera de las Siervas del Espíritu Santo, junto con san Arnoldo Janssen. En 1894 hizo sus primeros votos. Superiora de la congregación recién fundada, envió hermanas a Argentina y Togo. «Cuando nos amamos unos a otros, la oración es más fácil y los trabajos y penalidades se sobrellevan mucho mejor.» 
En 1898, pasó a la rama claustral de las Siervas del Espíritu Santo, fundadas por el beato Janssen en 1896. Hna. María Helena recibe entonces el nombre de hermana María Virgo: «Mi suerte es arder en amor a Dios, perseverar en oración y llevar una vida que es pobre e ignorada.»
La llamada que recibe Elena y que la marca desde su niñez, es la llamada a la misión. Se siente convocada a llevar calor, luz y la seguridad del amor de Dios a los niños abandonados de China. Sus anhelos de ir a la misión no se cumplieron jamás, pero hoy sus hermanas están repartidas por todo el mundo. Su vida religiosa se caracterizó por una relación viva y profunda con el Espíritu Santo y su entrañable amor a Jesús Sacramentado. Murió en Steyl (Holanda) de una meningitis tuberculosa. Fue beatificada el 7 de Mayo de 1995 por san Juan Pablo II.