8 de enero de 2015

San SEVERINO DE NÓRICO. M. 482.


(al.: Severin von Noricum).
Severo, austero

Martirologio Romano: En Nórico en el Danubio, en la actual Austria, san Severino, sacerdote y monje: que llegó a este territorio después de la muerte de Atila, jefe de los Hunos, defendió a las poblaciones inermes, amansó a los violentos, convirtió a los infieles, fundó monasterios y se dedicó a todos los que estaban privados de instrucción religiosa

Se piensa que nació en Roma. Llegó en el 454 a Nórico como apóstol, procedente de un monasterio de oriente, probablemente de Egipto o Palestina. Predicó el modo de vivir agustino. No era un sacerdote, ni estaba investido de ninguna autoridad, pero al poco de llegar a la región danubiana, todo el mundo le reverenció y obedeció en la vida cenobítica que inició en Fabiena, y por ello se le considera abad, aunque nunca lo fue. Cristianizó las orillas del Danubio desde Viena a Passau fortaleciendo la fe de los indígenas, amansando a los bárbaros que se iban introduciendo. En la ciudad de Asturis (hoy Stockerau, cerca de Viena) reinaba una gran depravación de costumbres. Por medio de sus encendidos sermones, penitencia, oración, ayuno y limosnas, pretendió convertirlos, pero sólo consiguió burlas y escarnios. Poco después los hunos asolaron la ciudad, Severino predicó en Comagenis (hoy Greinfenstein), donde le creyeron y se pusieron hacer penitencia; parece que tuvo como discípulo a san Antonio de Lerins. Consiguió la conversión de Lorch y de Viena, donde consiguió paliar la hambruna que padeció la ciudad
Predicó a Odoacro (rey de los hérulos que depuso al último emperador romano Rómulo Augusto) que sintió por él un gran respeto, de forma que no atentó contra la vida de la Iglesia, cuando la invasión de Italia. Puso las bases de un orden y de una civilización que servirían de dique a la tumultuosidad de los tiempos. Se negó a ser nombrado obispo, pero fundó monasterios, rescató cautivos, sustentó a los pobres. Tuvo una gran influencia política en su época y poseyó el don de profecía, de discenimiento de espíritus y taumatúrgicos; además cultivó las virtudes de la humildad, la caridad hacia los necesitados, especialmente hacia los prisioneros romanos, a los que rescató de manos de las ordas germanas, también ejercitó en grado heróico la virtud de la misericordia. Murió de violentos e incurables dolores de costado en Fabiena o Favianae. Sus reliquias reposan en el monasterio de Santos Sosio y Severino en Fratta Maggiore, diócesis de Aversa, Italia.